El niño de los ojos de agua era feliz haciendo relojes de arena. Él no usaba reloj porque decía que así se sentía más libre, pero no por ello ignoraba la importancia del tiempo. "Y es que al fin y al cabo, llevemos o no reloj, a todos nos acaba por afectar el tiempo", solía contestar. Por eso hacía relojes donde la arena caía en un suspiro y el tiempo pasaba rápido para olvidar desamores, y otros donde caía despacito, despacito, y hacía de los segundos horas para no perder detalle de los buenos momentos, de los momentos felices. De la dicha.
Pero si le hubieran preguntado, el niño de los ojos del agua hubiera dicho que quería ser pirata. Era feliz haciendo relojes de arena, pero soñaba con barcos.
Pero si le hubieran preguntado, el niño de los ojos del agua hubiera dicho que quería ser pirata. Era feliz haciendo relojes de arena, pero soñaba con barcos.
Foto: Barco pirata amarrado a la orilla del Mälaren.
Stockholm, noviembre 2007.
