
- Mira, es estupendo, porque podemos vivir allí y a la vez, viajar con él.
- Claro, visto así...
- Va, Anna, ¿Nos compramos uno?
- ¿Pero tú sabes llevar eso?
- No, pero aprendo. Tomás me enseñará.
- Bueno, entonces vale.
- ¿Vale?
- Sí, sí, vale.
- ¿Cuándo vamos a buscarlo?
- Mañana, mañana... Pero, ¿Cómo le vamos a llamar?
- Martín
- ¿Martín? Martín me encanta.
- Bueno, en realidad no podemos. Da mala suerte llamar al barco con el nombre del amado. Y nosotras a Martín le amamos.
- Nesi, pues no me digas un nombre que me va a gustar para que luego no pueda ser.
- Ya, pero es que a mí Martín también me gusta.
- No, no, nada, que da mala suerte y de eso ya tenemos un rato.
- Se nos hundiría el primer día fijo.
- Y si le pusiéramos el nombre de algún desamor, ¿Nos daría buena suerte?
- No sé exactamente como funciona el tema, la verdad. Pero no quiero que nuestro barco lleve el nombre de un desamor.
- Ya, no jodamos. Antes nos la jugamos y le llamamos Martín.
- Por supuesto, antes nos hundimos.
- Bueno, ya hablamos lo del nombre con calma.
- Sí, mejor. Con calma y con birras.
- ¿Mañana, entonces?
- Mañana por la tarde, que por la mañana tengo que ir a la biblioteca.
- Perfecto. Paso a por ti a las 16h.
- Y vamos a buscar el velero.
- Y vamos a buscar el velero.
- Te quiero.
- Yo más.
Foto: Anna del alma mía. Agosto 2004
Vitoria-Gasteiz, Euskadi.